26 abril, 2023

¿Y SI LE HACEMOS CASO AL CAPELLÁN?

Poblete me recuerda la canción de Luis Miguel. Él no culpa a la noche, a la playa, a la pandemia, al estallido social, ni a las niñas, ni a los niños. Plantea una mirada realista de lo que nos ha pasado. Una interpretación mesurada pero que moviliza: Hemos cometido errores. Lo que nos ha pasado es profundo. No fueron 4 minutos, viene de antes. Las alumnas y los padres lo advierten hace rato. Y, lo más complejo, nos queda una fractura evidente. ¿Y si hacemos algo con lo que dice el Capellán?


Bastante se ha publicado sobre el SIEB. Pese a los comunicados diarios, nos seguimos enterando de tanto más por la prensa.

De todo lo leído, me quedo con lo dicho por el Capellán del Colegio, Rodrigo Poblete SJ, en El País: “Las alumnas piden dos cosas: más espacio, más participación. Dicen que es un colegio machista. Y cambiar el uniforme (...) En el fondo tienen razón. Este es un colegio tradicionalmente masculino. (...) Se juntan dos realidades distintas y la nueva empieza a empujar a la anterior. El colegio de alguna manera sabía que eso iba a ocurrir”.

Dice el Capellán que los padres de las niñas manifestaron que sus hijas se sienten inseguras, “lo vienen diciendo hace un tiempo atrás”, y los padres de los últimos dos cursos masculinos afirman que sus hijos están desprotegidos e invisibilizados ante las niñas. “Se hizo algo al respecto. Hoy, mirándolo en perspectiva, fue insuficiente. (...) Nos ha faltado expertise para generar una experiencia donde los cursos mixtos digan con orgullo que son la primera generación y los inmediatamente mayores digan con orgullo que cierran una etapa”.

Me hace sentido cómo lo dice Poblete. Al menos en lo central. Me recuerda la canción de Luis Miguel. Él no culpa a la noche, a la playa, a la pandemia, al estallido social, ni a las niñas, ni a los niños. Es problema de un “nosotros”, una comunidad que no hizo lo que debía. O todo lo que debía. O lo mínimo que debía. Como que, al menos, intenta tomar una cruz y la carga bastante solo. Merece, creo, el Capellán que lo acompañemos más.

Hay en Poblete una mirada tranquila, algo deprimida o disminuida, pero realista. Una interpretación mesurada, pero que moviliza. Transmite que hemos cometido errores. Nos ha pasado algo profundo. No fueron 4 minutos, viene de antes. Las alumnas y los padres lo advirtieron hace rato. Y lo más complejo, se constata algo quebrado. Una fractura entre chiquillos y padres de cursos que, bien o mal, van a tener que seguir compartiendo por 4 años más. A no ser que decidan dejar la comunidad o que sean expulsados de ella, como ya lo fueron en dos casos (¡qué fracaso más terrible de todos nosotros!).

Yo estaría más atento al aire que deja entrar el Capellán. ¿Cómo así? Bueno, primero me esforzaría tener un relato creíble y con esa mirada más amplia. Ya no sobre “qué pasó el 31M”, sino sobre “qué nos ha pasado”. Exigiría que se informara de una buena vez si la investigación terminó o no, cuántas y cuántos fueron los agredidos/as, cuántos y cuántas fueron sancionados/as, cuántos y cuántas apoderados/as, docentes y directivos/as tuvieron o han tenido algún tipo de responsabilidad para llegar al quiebre que llegamos. Esta incógnita permanente ya agota un poco.

Pero más importante, si somos consecuentes con lo que dice Poblete, tendríamos que pensar mejor las reparaciones. No basta anunciarlas. Tienen que ser efectivas, recibidas, comprendidas y valoradas por aquellas y aquellos que merecen ser reparadas y reparados. Partiría por los cursos más involucrados y no descartaría avanzar también hacia padres, madres, docentes y administrativos que también merezcan recibir reparación.

¿Estamos desterrando de verdad esa forma tan típicamente chilena de pedir perdón en que te hacemos sentir también responsable del perdón que “dices merecer”? Se trata, creo, de mirarnos a los ojos y ser capaces de decir a quien corresponda: Reconocemos que te dañamos. Lo que te pasó no debió haber pasado. Fallamos, al menos, en el deber que tenemos de protegerte como parte de la comunidad.

Para qué hablar de iniciativas técnicamente competentes y de alto nivel a acometer en coeducación, convivencia y administración. Partiendo por revisar el organigrama.

Puede ser mi sensación, o mi desinformación, o mi falta de preparación, pero me temo que la reflexión del Capellán no alcanza a permear la porfiada realidad. En el mundo de lo real, se acaban los comunicados diarios. Ahora serán semanales. Es decir, la autoridad institucional tiene la certeza que durante la próxima semana no ocurrirán hechos relevantes. Alguno pensará: ¡en buena hora, estamos superando la crisis!

Pero no es el camino de Emaús, sino la ruta diseñada por varios manuales de gestión crisis, que buscan que las organizaciones luego de una primera etapa de “reacción” a la crisis, avancen hacia su “neutralización”: Esto es, ejecutar acciones para reducir la influencia de la crisis en la vida diaria. Se recomienda espaciar las comunicaciones, hacerlas más neutrales y promover cuanto antes la etapa del “aprendizaje”, esa en la cual se nos informará lo que aprendimos de lo que pasó y las actividades de formación y prevención que se realizarán. Eso explica que se nos entregue ahora un trabajo del año pasado de Fundación Co-Crecer. Sin presentación ni contexto, se presenta como una profundización sobre “oportunidades de mejora, fortalezas y buenas prácticas en los ámbitos de convivencia” y otros. En el texto entregado, con toda soltura –alguien podría decir desparpajo– se declara como una “fortaleza” de SIEB que “se ha trabajado el tema del trato al interior del colegio transitando hacia un modelo de mayor cordialidad y diálogo con los/as estudiantes” y como “oportunidad de mejora” es la “necesidad de incorporar al equipo directivo al comité de coeducación de manera de tener injerencia en la toma de decisiones asociadas a todo el colegio”.

Lo siento, pero creo que así, no flota. El Colegio comienza a hablar del futuro, con un material del pasado (con mala vejez) y sin hacernos cargo de nuestro presente. Los expertos en crisis saben que los incendios se extinguen cuando se extinguen, no cuando queremos que se extingan ni cuando rezamos mucho para que Dios haga llover.

Justo cuando estoy escribiendo esto nos llega el anuario 2022. No sé si nos llegó a todos o tengo una primicia porque el primogénito salió de IV Medio y tuvimos el honor que de que fue parte del equipo de redacción y diseño.

En la página 35 el Colegio nos informa que este 2023 es el “Año crucial en la coeducación y equidad de género”... - ¡Paso! (debería pegar acá el sticker de Bachelet).

Prefiero quedarme con algunos párrafos del mismo Capellán en la página 4 del anuario, esperando que la reflexión que nos plantea logre también pasar a la acción:

Al principio del texto: “Como comunidad ignaciana, siempre estamos buscando la manera de ver cada una de las cosas nuevas que nos presenta el día a día a la luz de Cristo. Al darnos esta oportunidad, estamos mirando desde su corazón compasivo haciéndonos más conscientes de nosotros mismos, de nuestra historia vivida y comprometiendo lo que somos y lo que tenemos para responder de manera competente al amor de Dios. Ese amor que exige justicia en este mundo cambiante e incierto.”

Y al final: “Al recoger este 2022 (...) comenzamos nuestro discernimiento, que es el modo para reconocer las señales de Cristo en los acontecimientos de la historia, en lo imprevisto, incluso en lo desagradable, como fue para Ignacio la herida de su pierna. Es en la historia concreta, personal, comunitaria donde se nos interpela y posibilita un encuentro que puede cambiar la vida para siempre, como el caso de san Ignacio.

¿Por qué no permitirnos recoger este año y dejarnos sorprender por sus aciertos y desaciertos a la luz del discernimiento, que nos ayuda a reconocer el hilo conductor de nuestra vida que nos mueve a desplegar todo lo que estamos llamado a ser?
Que el Señor nos ayude a examinar nuestro corazón y reconocer cuándo Él es quien actúa en nosotros y cuándo no lo es...”.

17 abril, 2023

EL RELATO: ¿MUCHO PEDIR QUE SEA POR ESCRITO

¿Comprenderán las actuales autoridades del Colegio, los expertos en crisis y los asesores comunicacionales cuánto daño hace a la comunidad la falta de un texto? Nada fomenta más el rumor. Una anti-gestión de crisis.


“¡Papelitos primero!” Eso dijo el ministro de justicia cuando habló con la prensa. Típico chileno: Lo que está escrito es lo que vale.

En Chile todo se escribe o se “inscribe” (es decir, se registra por escrito). Arriendos, matrimonios, hijos, tareas escolares, cuotas... Todo. Escribimos hasta certificados para decir que estamos vivos. Con mis hijos tenemos escritas las condiciones de uso de celular que me autorizan revisiones sin aviso. Si reclaman privacidad, les recuerdo que “lo tenemos por escrito”.

Es extraño que el “relato” del Colegio sobre los abusos sexuales fuera sólo leído el miércoles 12. No se grabó, no se transmitió, no se adjuntó al comunicado del jueves. El documento más importante del año no tiene registro.

¿Comprenderán las actuales autoridades del Colegio, expertos en crisis y asesores comunicacionales cuánto daño hace a la comunidad la falta de un texto? Obliga a fijar postura de memoria, por lo oído. Y cuando un grupo de apoderados objeta, no hay cómo comparar. Nada fomenta más el rumor. La anti-gestión de crisis.

Hay cosas que antes hacíamos bien, pero ahora hacemos mal. Si algo caracterizaba a nuestra comunidad, en línea con la espiritualidad ignaciana, era la capacidad de abstracción y reflexión escrita. Desde el Proyecto Educativo hasta el calendario de visitas a Santa Adriana, nada existía en el SIEB si no se entregaba por escrito. Pero ahora no. Ahora nos leen la historia. Y algunos, enojados y exhaustos, creen que les cuentan un cuento. El esfuerzo del relato pierde fertilidad en su oralidad.

¿Alguien creerá que se puede cautelar del mal uso de un contenido leído a cientos de personas? ¿Qué no va a salir en la prensa? ¿O que la inexistencia de registro hará desaparecer la discusión respecto del mismo? En el SIEB todo se discute, es parte del Magis. Da igual si lo entregan escrito o no.

Yo lo escuché. Y también quiero verle el lado positivo. Escuchamos una relación de

hechos circunspecta, con poco hecho nuevo, cuya gran virtud, creo, es que nos dice que lo que pasó, pasó (como la canción). Y que siendo grave, no fue la película de terror que en algunas partes se ha contado. Al menos no para quienes no hemos sido abusados. ¿Pero cómo profundizamos sobre lo sucedido si el texto no está?

Los relatos son importantes por lo que dicen y, también, por lo que no dicen. Y en esto de “no decir” me preocupa que las autoridades del SIEB no comprendan que la transparencia es un continuo, no destellos ni datos aislados seleccionados por la autoridad como adecuados para publicar. Veo ausencias inexplicables.

No se dice, por ejemplo, si los investigados por estos hechos son sólo alumnos y alumnas. Me parecería inconcebible que el resultado de todo esto sea un puñado de estudiantes, hombres y/o mujeres, sancionados y/o expulsados. ¿Y los adultos, dónde estuvimos todo este tiempo? Padres, docentes y directivos... ¿pasaremos piola? No creo que sea posible, pero nada he escuchado sobre eso.

Tampoco se dice cuántas alumnas están perdiendo clases porque no se sienten seguras en el Colegio. Uno quisiera creer que ese problema ya se superó. También, que se está haciendo algo para no perjudicar académicamente a estudiantes suspendidos. En buena hora hay tres chiquillos que pudieron volver a clases libres de toda sospecha. ¿Qué pasa con las otras familias?

Me falta también que asumamos que hay una historia. Los hechos de interés no empezaron la mañana del 31 de marzo. Un relato completo debe hacerse cargo de las denuncias del año pasado, ¿existieron o no?. Hubo hechos de violencia post pandemia, reclamos sobre “incivilidades” que ya tienen cierta data. El “relato”, que para ser útil requiere ser creíble, debe recoger la génesis de un fenómeno, no sólo un capítulo. Hasta ahora todo eso sigue siendo parte de la oralidad.

No vaya a ser que la falta de “claridad oportuna” nos exponga a más dolor y división. Quizá el relato necesario es otro. Y quizá no es tarde para empezar a trabajar en una comisión de verdad y evaluación de la coeducación. Un relato compartido que se inicie cuando las niñas entraron al Colegio y que les permita a ellas mismas, y a nosotros los adultos, hacer una evaluación de las luces y sombras del camino recorrido. Ahora que ellas ya se empinan a la educación media, no aparece superfluo mirar contribuciones, errores y omisiones de cada cual.

Ojalá sepamos algo de todo esto en los días que vienen. Según el “canal oficial” los resultados de la investigación interna se conocerán a fines de esta semana. Ojalá que volvamos a la tradición escrita. Lo oral nos queda mal.

10 abril, 2023

ABUSOS EN EL SIEB: Las siete cosas que sabemos y la enorme cantidad de cosas que aún desconocemos de un episodio triste y lamentable.

La directora de ciclo ha invitado a los delegados generales de 4to básico auna reunión. Nos ha pedido que enviemos por anticipado nuestras “inquietudes”. He enviado el texto que sigue, que me representa a mi y mi familia:

Tenemos una inquietud grande: ¿Qué fue lo que realmente sucedió en el Colegio San Ignacio El Bosque el 31 de marzo pasado? ¿Hubo abusos sexuales? ¿Cómofue posible que ello ocurriera? ¿Hubo alertas, antecedentes, o fue un “estallido” surgido de la nada?

¿Qué sabemos? El colegio ha enviado comunicados internos casi diarios insistiendo que “este el único canal oficial de información”. Por esos comunicados sabemos que el viernes 31 de marzo pasó algo. Pero no sabemos qué. El comunicado ese día habla sobre “un hecho” ocurrido entre estudiantesdel III ciclo. Un “lamentable episodio” durante el segundo recreo “donde algunas estudiantes manifestaron haberse sentido vulneradas por acciones de sus compañeros”.

UNO. Sabemos que pasó algo y las niñas “dicen” sentirse vulneradas.

El 2 de abril los dichos parecen haberse constituido en verdades. El colegio

lamenta “profundamente la vulneración sufrida por un grupo de alumnas (...) No somos indiferentes a estos hechos”. Lamentablemente aún no sabemos qué hechos. Al menos yo no sé.

DOS. Supimos ese día que el Colegio seguirá trabajando “para erradicar cualquier acto de abuso y promover una cultura del respeto”. ¡En hora buena!

TRES. Sabemos por ese comunicado una tercera cosa: Se está aplicando un plan de contención de crisis. Son ¡17 medidas! Todas muy razonables. Entre ellas: Activación del “Protocolo de prevención y Acción ante el abuso sexual”, investigación interna, conformación del Comité de Crisis, suspensión de clases de los eventuales responsables (de los hechos que no conocemos), apertura de un canal de recopilación de información (sobre esos mismos hechos desconocidos), contratación de una asesoría externa experta en prevención de abusos (tampoco sabemos quiénes son los expertos) y revisión de los procedimientos internos del colegio para detectar sus falencias (¿cómo nos habrá ido en la revisión?).

CUATRO. Sí sabemos de la enorme y valorable disposición de la dirección del Colegio a escuchar. Se ha reunido con el centro de padres, con los centros de alumnos, ha realizado jornadas de diálogo con estudiantes, maestros y personal, familias afectadas; y se ha reunido con la Superintendencia de Educación, con Carabineros y con el Ministerio Público.

Todas las medidas que se tomen “considerarán el aporte que hemos recibido tanto por parte de las y los apoderados como de las y los estudiantes con los que nos hemos reunido”. (3 de abril).

¿Qué significa eso? No sabemos. Qué opiniones ha recibido, cuáles considera adecuadas, cuáles no, a quién toma en consideración y a quién no. De todo lo hecho, qué recomendaron los expertos, qué pidieron los padres, en qué aportaron los alumnos y, muy importante, qué opiniones y propuestas se rechazaron por improcedentes.

Probablemente se nos dirá que todo lo que no sabemos de debe a que está siendo investigado y que se busca “proteger a las y los estudiantes, en especial a las alumnas afectadas”. (informativo académico del 3 de abril)

Hasta ahora el “no sabe/no responde” gana por goleada. El canal oficial comunica mucho, pero dice poco. Y transparenta menos.

Entonces hay que acudir a los relatos. Al relato de compañeros de los hijos y de otros papás. También al canal informativo que es por lejos el de mejor calidad: las redes sociales de los centros de alumnos. Y también al trabajode la prensa.

El relato más extenso publicado hasta ahora sobre los abusos sexuales sufridos por alumnas del Colegio San Ignacio El Bosque parece ser el del periódico electrónico “El Dínamo”, 7 de marzo.

De ser cierto, es estremecedor. Aunque cabe señalar dos cosas: No es el “canal oficial de información”, pero hasta ahora ha sido desmentido o corregido porel Colegio.

Según este medio, el 31 de marzo durante unas 2 horas y fracción ocurrieron varios hechos de agresiones físicas e insultos sexuales al interior del SIEB. Desde gritos y ofensas hasta tocaciones.Pese a la presencia de directivos y/o adultos del colegio, no hubo protocolo ni autoridad que pudiese poner orden durante ese tiempo. Sí había, gracias a Dios, algún profesor atento que habría llevado a un grupo al teatro en busca de un “espacio seguro”.

¿Qué pasó en esas dos horas? ¿Hubo protocolos aplicados, comité de crisis, expertos, autoridades? No sabemos. Al parecer, como en una mini Plaza Italia, la normalidad sólo habría vuelto con la llegada de la fuerza pública.

No pondré todas las fichas en un relato periodístico. Sin embargo, a estas altura parece razonablepreguntarse si junto con perseguir las responsabilidades de algunos estudiantes, no deberían también investigarse las responsabilidades de nosotros, los adultos del colegio.

Lo que claramente no resultaría adecuado es que como comunidad esperemos la “verdad judicial” para saber qué nos pasó.

CINCO. De ser cierto el relato de prensa no desmentido, sabemos también que las “incivilidades” venían de hace tiempo. Al parecer hubo una carta el 2022 que las denunciaba. Y también hubo denuncias de agresiones sexuales reiteradas en los recreos y en los pasillos estrechos del colegio.

¿Será posible aquello? ¿Qué hizo el colegio? ¿Contestó la carta? ¿Investigó y sancionó las denuncias? ¿Se trata realmente de abusos reiterados? No sabemos. El canal oficial nunca habló de eso, ni el año pasado ni ahora.

SEIS. Yo sí sé que la coeducación ha tenido sus problemas. ¡Era que no! Hace ya varios años con mi señora estuvimos en la directiva del Centro de Padres. Los apoderados de la primera generación de niñas ya manifestaban fundadas preocupaciones. Participamos en comisiones, hicimos propuestas, el colegio habilitó espacios de escucha y trabajo conjunto. Como nos pasa casi siempre, algunas cosas ocurrieron y sobre otras, a varios nos quedó la duda sobre cuánto y cómo se recogió e implementó de todo lo escuchado. Escuchar no es lo mismo que acoger y, a veces, no tiene nada que ver con actuar o responder. “Se sabe”, dicen mis hijos.

Sólo supimos, de oídas, que tiempo después se suspendió durante un año la entrada envigencia del uniforme femenino del SIEB. El colegio no estuvo en condiciones de tomar decisiones a tiempo.

SIETE. Lo último que sabemos es que a algunos de nuestros hijos los han agredido en la calle física y/o verbalmente solo por vestir la insignia del colegio. De hecho, el 10 de abril el canal oficial los autoriza a llegar y retirarse del colegio con un polerón que oculte el uniforme.

¿Entenderá el colegio que esta crisis no se supera solo con comunicados internos? Fuera de la reja de Pocuro 2801 hay una sociedad que puede sentirse legítimamente desconfiada o traicionada por una entidad que proyectaba otra imagen. Y que espera más de nosotros.

Al fin y al cabo, como decía un portal de noticias, hay toda una sociedad que está esperando que se aclaren los hechos y que haya justicia “en el exclusivo colegio” del sector oriente.

El desafío es más grande. Y queda mucho por saber.