05 septiembre, 2023

La voz de los sin voz

por Luis Conejeros Saavedra.
Colaboración para la exposición
"Trazos de Memoria" del Colegio San Ignacio El Bosque.
Septiembre, 2023

Mi padre era director de la radio Chilena, la radio del Arzobispado de Santiago, cuyo eslogan era “la voz de los sin voz”. Era fines de los ’70.

Yo tenía unos 7 años y me causaba gracia que al papá, raudo su mini rojo con patones y escape libre, siempre lo seguía un auto que -según él- era de la CNI, el organismo de seguridad del gobierno militar. En las mañanas, cuando nos iba a dejar al colegio, mi papá saludaba a los señores de lentes oscuros, los agarraba a garabatos o jugaba a escabullirse en medio del tránsito.

Algunas noches los mismos señores que siempre nos seguían agarraban a patadas la reja de la casa y hacían sonar las sirenas. Pero nunca entraban. Mi papá hacía como que le causaba gracia. Pero igual me fue a dejar y a buscar al colegio hasta cuarto medio. La idea de que yo y mi hermana no podíamos salir solos a la calle le quedó marcada hasta bien entrados los ‘90.

Años después entendí que no todo era tan inocente. Con la complicidad y el aval del Cardenal Silva Henríquez, mi papá autorizaba que “la radio de los curas” leyera las noticias que casi nadie se atrevía a divulgar y programaba a cada rato el “amigo negro José”, canción de Illapu adoptada como himno en centros de prisión y tortura.

Con los años mi padre confesó otras andanzas. En alguna oportunidad con curas y periodistas amigos fue a tirar a un par de colegas por la pandereta de la Nunciatura para que se asilaran. En otras, por su rol de periodista, hizo de correo entre fuerzas de seguridad y grupos de izquierda para lograr “entregas pacíficas”.

La verdad es que nunca nos pasó algo grave. A lo más, algunas noches tuvimos que ir a dormir a casa de alguien. Eran jornadas de “operativos de seguridad” en los cuales los detenidos con suerte eran interrogados con métodos hoy impensables. Aunque eso no salía en la TV, sólo la radio.

Un alto oficial de Carabineros, corriendo no poco riesgo, solía avisar a mi papá que “hoy no te conviene dormir en la casa”. Increíble, pero incluso en medio de la noche más oscura, en todos lados había algunos y algunas tratando de hacer lo correcto.



Ironías de la vida

Por María Antonieta Dollenz Zavala. 
Colaboración para la exposición
"Trazos de Memoria" del Colegio San Ignacio El Bosque.
Septiembre, 2023.

El 11 de septiembre de 1973 mi papá, José Dollenz Briceño, ejercía como Director Subrogante de la “Dirección General de Deportes y Recreación” (DIGEDER), que regía el deporte nacional y dependía del Ministerio de Defensa. Como muchos funcionarios, fue llamado a presentarse ante el nuevo gobierno para ser detenido.


Cinco días después del golpe de Estado nació mi hermano mayor. Mi padre, que estaba escondido, pudo verlo unos minutos el 23 de septiembre. El 29 se asiló en la embajada Argentina. Era casi la única opción de salvar la vida. Mi padre recordaba que, como él, cientos se asilaron gracias a los carabineros que “vigilaban” para detener a quienes intentaran escapar. Cada cierto rato “se hacían los locos” mientras grupos de personas cruzaban la muralla.

Mi papá se reunió con mi hermano y mi madre 7 meses después, cuando se establecieron en la provincia del Chaco. Con la ayuda de Naciones Unidas, mi padre comenzó a trabajar como profesor de educación física, kinesiólogo y preparador físico del equipo de fútbol local: “Chaco For Ever”. 

Pero la distancia del horror duró poco. En 1976 vino el golpe militar argentino y mi madre, como muchas mujeres, se tuvo que esconder por meses. Era sabido que a las mujeres embarazadas las hacían desaparecer para robarles las guaguas. Yo estaba en camino.

El recorte de El Mercurio de 1982 informa la lista de 79 exiliados a quienes se permitía volver. El número 67 es mi padre. En cosa de días mi madre estaba lista para volver conmigo y mis dos hermanos. La cuarta nació ya de vuelta en Chile.

En democracia mi padre volvió a trabajar a la DIGEDER. En su larga carrera destaca como creador y primer director del Centro de Alto Rendimiento, fundamental hasta hoy en la formación de deportistas de elite. El año 2000 el presidente Ricardo Lagos lo nombró director de DIGEDER. Su misión fue tramitar la ley que creó el Instituto Nacional del Deporte, dar una nueva institucionalidad a las políticas deportivas nacionales y sacarlas del ámbito exclusivo de la Defensa Nacional.

Ironías de la vida, el cargo que le significo 10 años de exilio fue el mismo cargo que ejercía cuando dejó de existir esa institución y con el que prácticamente terminó su carrera profesional en el deporte nacional. 

Su historia completa está consignada en el archivo “Item 000004 – Asilo Político” del Museo de la Memoria.